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21/11/12

Científicos del IIM de Vigo consiguen estandarizar el cultivo del caballito de mar

Seis años de esfuerzo y de repentinas y frustrantes mortalidades por fin han dado frutos. Los investigadores del Instituto de Investigaciones Marinas-CSIC que obtuvieron las primeras crías en cautividad de Hippocampus guttulatus en 2006 han logrado estandarizar el método de cultivo con unas supervivencias que llegan "al 85-90%".
 Los ejemplares nacidos en Bouzas alcanzan su primer año de vida con un tamaño que duplica al de sus congéneres del medio natural -hasta 17 centímetros- y han generado gran interés en el mercado de la acuariofilia, ya que su captura está prohibida por tratarse de una especie amenazada y hasta ahora no existía ninguna técnica para su reproducción.
A la espera de conseguir financiación para poder continuar con sus proyectos, el grupo de Biología y Fisiología Larvaria de Peces ya ha comenzado a comercializar ejemplares cuyo precio ronda los 90 euros y que han sido solicitados incluso desde Inglaterra. Se plantean la creación de una spin-off, aunque antes deben conocer mejor su mercado potencial y, en todo caso, no podría dedicarse a una sola especie. "Por ahora la venta es un complemento para mantener lo que hemos logrado tras años de mucha dedicación y voluntarismo. A veces te ibas a comer y, al regresar, te encontrabas con todos los caballitos muertos", comenta Miquel Planas, jefe del equipo y coordinador de este estudio.
Hasta el año pasado no se consiguieron cifras significativas de supervivencia. Las claves del éxito han sido la dieta y el sistema de circulación de aire y agua especialmente diseñado para evitar la hipertrofia de la vejiga natatoria. "Era el problema más serio porque los ejemplares recién nacidos tienen tendencia a subir a la superficie del acuario, donde cogen aire y su vejiga acaba hinchándose como un globo. Entonces dejan de comer y acaban muriéndose", explica Planas.
En cuanto a su alimentación, los expertos probaron con rotífero y artemia hasta decantarse por los copépodos, unos minúsculos crustáceos cuyo cultivo en el laboratorio resulta complejo pues requiere de grandes volúmenes pero que favorecen un mayor crecimiento de las crías al ser más ricos en su composición bioquímica.
También han fijado la temperatura óptima para la reproducción en cautividad, un logro que aparece en la revista Journal of Experimental Marine Biology and Ecology. "Es como un puzle. Mejoras cada pieza para optimizar el sistema en general", compara Planas. El grupo trabajó con un rango equivalente a la temperatura de las aguas gallegas para constatar que a 21 grados las crías crecen el doble que a 18. El desarrollo máximo se alcanzaría a los 24.
Estos resultados explican además la distribución geográfica europea del Hippocampus guttulatus: "Al norte de Holanda ya no se encuentra la especie porque por debajo de 13 grados el crecimiento se detiene. Las aguas frías impiden su supervivencia, mientras que las de la Península Ibérica y el Mediterráneo son más propicias".

Fuente: Faro de Vigo

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